El último maestro ruso: cine desde Villalba

22 noviembre 2015

 

Hace siete u ocho años (qué apuro da ya contar el tiempo) una rubita muy delgada, muy risueña también, pizpireta incluso, se presentó en mi casa para grabarme una entrevista (que nunca me enseñó) destinada a un trabajo de la facultad. Ya no sé si estudiaba Periodismo, Comunicación Audiovisual, ambas cosas o nada, o si solo se presentó en mi ranchito por cumplir. Hoy es la productora del documental El último maestro ruso.

Me dio pena que una chica tan maja cayese en la trampa de una carrera tan poco valorada, pero había algo con lo que yo (ingenua y con poca vista) no conté en un principio: su incansable afición por contar historias.

Comenzó contando en laSexta Noticias, para después pasar a distintos programas de Atresmedia. Y es precisamente allí donde surge el germen de El último maestro ruso, el documental que Irene del Cerro acaba de estrenar como productora.

¿Y quién es él?

Ángel Gutiérrez es el protagonista de esta historia. Siendo un niño tuvo que abandonar su tierra, Asturias, para ir a la antigua URSS como exiliado de la Guerra Civil. Allí creció en un orfanato para niños españoles, se formó y estudió dirección e interpretación con los alumnos de Stanislavski y terminó por convertirse en una pieza clave de la cultura rusa. El apodo de el Ruso se lo ganó en los 70, cuando recién llegado de Rusia se puso a dar clase en la Escuela Oficial de Arte Dramático (la que hoy conocemos como RESAD). Él fue quien trajo a este país el método Stanislavski tal y como se impartía en la URSS y sus enseñanzas han sido vitales en la carrera de actores como Eduardo Noriega o Javier Gutiérrez.

FOTOGRAMA El último maestro ruso
¿Por qué contar su historia?

La idea fue de la directora, Anaís Berdié. Ella había oído hablar de Ángel Gutiérrez y estaba interesada en su figura. Su primera intención era hacer un pequeño reportaje sobre él, pero cuando le conoció se dio cuenta de que su historia no podía resumirse en un vídeo de cinco minutos. Creo que verle trabajar con 81 años, luchando incansable por buscar un teatro donde poder seguir impartiendo su método, fue lo que le conquistó. A todo el equipo nos impactó ver que un hombre con sus conocimientos y su talento, una figura tan importante en la historia del teatro de nuestro país, estuviera abandonado por las instituciones, sin poder hacer su labor.

 

Con la pasta hemos topado…

La financiación ha sido una de las partes más complicadas del documental. Aunque hay subvenciones del Ministerio de Cultura, paradójicamente son las películas con más presupuesto las que pueden optar a ellas. Tampoco es fácil que cadenas de televisión o marcas comerciales patrocinen una película pequeña donde la mayor parte del equipo es novel. Además del aporte económico de la directora, que también es productora ejecutiva, ha sido el equipo humano el que ha hecho posible el proyecto, cada uno aportando el material del que disponía, y sobre todo su tiempo.

FOTOGRAMA El último maestro ruso

¿Cuál es la escena que más costó grabar?

Lo más complicado ha sido colarse en los ensayos de la compañía. Era primordial pasar inadvertidos para que los actores y el propio Ángel Gutiérrez se olvidasen de las cámaras. No podíamos ni iluminar el espacio ni acercarnos con la cámara. Era gracioso ver a la directora dando órdenes mediante señas y corriendo de puntillas de una unidad de cámara a otra, situadas a ambos lados de la sala.

 

Habéis conocido a distintos actores, hoy de primera fila, que han estudiado con vuestro protagonista. ¿Qué destacarías de cada uno de ellos?

De todos destacaría el importante papel que Ángel Gutiérrez ha jugado en sus carreras. Por ejemplo Carlos Iglesias, vecino de la Sierra, no sólo fue su alumno, sino que también conoció gracias a él la historia de los niños de la guerra, germen de su película Ispansi.

FOTOGRAMA El último maestro ruso

Momento morriña. ¿Cómo recuerdas tu vida en Villalba?

Me encantaba vivir tan cerca de todos mis amigos. Quedar en el quiosco para dar una vuelta, bajar a la piscina, salir de fiesta y encontrarte a viejos conocidos… Ahora echo de menos esa sensación de controlar cada rincón del sitio donde vives. Saber el nombre de los camareros del bar de siempre, conocer al que te sirve el pan o a la farmacéutica. O encontrarme con mis tíos dando una vuelta. Es lo que más echo de menos de mi vida en Villalba.

 

Y si te perdieses en la Sierra, te encontrarían en…

La Pedriza, Peñalara, la zona del Paular, las piscinas naturales de Rascafría… lo cierto es que me resultaría muy difícil elegir un solo sitio, no podría. Tener tanta naturaleza a un paso es un lujo.



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