Desprenderse del Ego

17 febrero 2014

Hace años tuve un leve contacto con una Enseñanza Sagrada (con mayúsculas) que me mostró, de forma muy tenue, los aspectos fundamentales del Hombre. Gracias a ella, pude entrever los efectos negativos que tenía sobre mi vida (y sobre la de los demás) una cosa que allí llamaban Ego. Se referían a lo que se interpone entre nuestra mente y nosotros mismos.

Nuestra mente es una herramienta que nos sirve para manejarnos en el mundo. Algunos dicen que hasta sirve para crear cosas. Un instrumento de estas características tiene que obedecer siempre a la voluntad de algo. Y ese algo somos nosotros mismos. El 99,9 % del tiempo no somos conscientes de que hay una parte de nosotros que maneja el vehículo. Para que te hagas una idea, puedes compararlo con un caballo desbocado. El jinete va encima pero no tiene forma de controlarlo. “Horsy” va por libre, por mucho que te empeñes en que te haga caso. Así vivimos todos nosotros el 99,9 % del tiempo.

Gracias a aquella Enseñanza, fui capaz de reducir ese 99,9 % a un 99 %. El efecto sobre mi vida fue radical. El caballo sigue yendo desbocado el 99 % del tiempo pero, al menos, soy capaz de tener el control durante casi el 1 % del tiempo (los días en que más lúcido estoy).

Un 1 % parece poco, pero marca la diferencia. Gracias a esa pequeña fracción de mi día en la que tengo el control, puedo decidir hacia dónde quiero que vaya mi vida y, sobre todo, puedo resistirme a los envites del caballo cuando se pone bravo.  A veces, basta con no cagarla. Cuando la mente está descontrolada tiene la fea costumbre de hacernos daño y generar autosabotajes.

Conseguir un 1% de control (quizá estoy siendo muy generoso) me ha llevado 5 años de duro trabajo de autoconocimiento. La única forma de evitar que ese señor llamado Ego tome el control es observar cuándo actúa, cuándo se está interponiendo entre tú y la herramienta que te sirve para manejarte con el mundo. Si Mr. Ego actúa, el caballo no obedece a tus órdenes. Cuando le ves actuar, tú decides si le dejas que siga con lo que está haciendo o si le frenas y tomas el control.

Mr. Ego lleva muchos disfraces diferentes, pero se le reconoce fácilmente: cuando está al mando siempre te sientes incómodo por dentro.

Un ejemplo para que lo entiendas mejor

Imagina una rata que entra todos los días en tu despensa para robarte comida. Estás tan harto de quedarte sin víveres que decides estudiar sus movimientos para poder hacer algo que ponga fin a los saqueos. Te escondes, para que no se asuste, y observas lo que hace.

¡Ahí está!  ¡No ha hecho falta esperar mucho! La rata está cogiendo un trozo de pimiento y se lo está llevando. ¡La has pillado con las manos en la masa! ¡Enhorabuena campeón! ¿Y ahora qué? ¿Te quedas mirando cómo se va con el pimiento? ¿Le quitas el pimiento y la dejas marchar? ¿O la matas para que no te vuelva a robar? (perdón a los sensibles al sufrimiento animal, es una metáfora).

Ahora volvamos a la realidad. Todos los días la rata entra unas 200 veces a robarte comida. La mayoría de ellas no te enteras. Y las pocas que te enteras, te quedas mirando con cara de bobo cómo se lleva tu comida.

Cada vez que pillas a la rata robando comida y haces algo que no sea dejarla marchar, te estás desprendiendo de un pedacito de tu Ego y eres más . Estás llevando al caballo por donde tú quieres. Estás siendo el comandante de tu nave.

Hoy la rata va a seguir robándote comida. Tú decides si tomas medidas.

Sé responsable.

 

Por Bobby Díaz | hazlodiferente.com



1 comment

Post a new comment