En busca de la sonrisa perdida

20 noviembre 2013

No sé su nombre. Ni siquiera su edad. ¿Tres años? ¿Cuatro? Solo recuerdo su mirada infinita, su rostro manchado de penurias y ese improvisado carrito donde viajaba. La niña de ojos oscuros ahora tendrá once o doce años. Tal vez trabaje la tierra junto a sus hermanos. O quizás no. Quizás tuvo suerte y pudo ir a la escuela. Tal vez aún en Nicaragua existan los milagros. Tal vez…

Niña con frutas buena

No dejo de pensar en ella. Y en todos los niños con los que me crucé. No dejo de pensar que en un lugar, no demasiado lejos, hay niños que lloran de hambre, que nunca pisarán una escuela ni sabrán lo que es un par de zapatos.

De ahí que hoy, más que nunca, aplauda la labor de cientos y cientos de personas que son capaces de hacer la maleta y dejarlo todo (o ganarlo todo, depende cómo se mire) para viajar lejos, muy lejos, en busca de una sonrisa perdida.

Hay ONG muy grandes. Y las hay pequeñas. Y en cada granito de arena de todas ellas reside la fuerza. Hace poco Pablo, un chico que se crio en Las Rozas, ahora profesor, partió a Nepal junto a Esther, orientadora infantil. En Nepal descubrieron a un grupo de personas que trabajan por cambiar la historia de Nabin, Ganash, Joati…

La ONG se llama Nepal Sonríe. Trabajan con los niños que nadie quiere en Hetauda, una ciudad al sur del país. Todos tienen alguna discapacidad física o psíquica. Muchos fueron abandonados.

DSC_0446Ganash, Kripa, Aki, Bishal

La casa la dirige un nepalí de 60 años: Ramori. Todos los que trabajan allí son voluntarios. Ninguno cobra nada.

«Los niños. En fin, los niños son simplemente increíbles, algo espectacular. El primer contacto fue al día siguiente de nuestra llegada. En una sala de la casa de acogida hay unos cuantos niños que, según nos ven, salen corriendo hacia nosotros y nos abrazan amorosamente, como si fueras el tío que tanto quieren y que regresa de algún viaje… Y ahí se quedan pegados a ti, sintiendo el calor humano aunque sea de un desconocido. Hay 25 niños, de entre cuatro y quince años, y todos tienen una historia ya enorme. Hay seis niñas con deficiencias mentales bastante potentes, otro montón con algún tipo de mutilación o malformación, uno con gran parte del cuerpo quemado y los menos, simplemente fueron abandonados» (Pablo, voluntario).

 

Hace poco pintaron las paredes de la casa. Para hacerlo más amable a los ojos de los niños. Comen arroz todos los días. Con mucha suerte, un poco de verdura. El agua está racionada. Y tienen suerte. Nepal es uno de los países con mayor índice de pobreza.

 

Nabin

«Estos no son niños normales, son superniños, lo digo de verdad, no por ponerme sentimental. A pesar de sus realidades son niños alegres, con ganas de hacer de todo, que les encanta jugar contigo, que se tratan bien entre ellos, se cuidan y acompañan, que no piden casi nada y todo lo reciben con agradecimiento… en fin, que impresionan muchísimo y dan mucho que pensar. Estos niños hacen todo, TODO, da igual que les falte un brazo, una pierna o las dos, o tengan todas las extremidades con muñones (que los hay). No importa: son autónomos, se visten, cogen sus cosas del cole, se lavan los platos de la comida, juegan a las cartas, al fútbol, bailan, lo que sea, es increíble. La discapacidad simplemente desaparece. Es maravilloso para ellos y para el resto. Son superniños» (Pablo, voluntario).

 

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Pablo estuvo allí unos días. Buscaba ayudar. Sin embargo, recibió mucho más de lo que dio. Sin duda. En eso consiste al fin y al cabo: quien menos tiene, más da. Paradojas de la vida.

[box style=»info»] MÁS INFO

Nepal tiene más de 30 millones de habitantes. Cerca del 50 % son pobres.
El 37 % de hombres y el 66 % de mujeres son analfabetos.
La esperanza de vida está en 68 años.
La pobreza en un 31 %.
La mortalidad infantil ronda el 48 %.

¿Quieres ayudar? Puedes apadrinar a un niño, ir de voluntario a Nepal o realizar una aportación económica. Infórmate en su página: www.nepalsonrie.org

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Por Estefanía Esteban | eesteban [arroba] lasierraconestilo.es .



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