«Hasta que no te ves en oncología no te pones en la piel de otras mujeres»

19 octubre 2013

«Si necesitas un testimonio de alguien que haya pasado por un cáncer de mama, llámame». Cuando recibí este mensaje de mi amiga Natalia no supe cómo reaccionar. Solo hace dos años del comienzo de su pesadilla (que, por suerte, parece haber tocado a su fin), pero nunca he querido hablar de «eso» con ella. Como si mi autocensura pudiera borrar su sufrimiento.

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No me hubiera atrevido a pedírselo. A menudo a un periodista le toca buscar casos reales, personas que cuenten su experiencia, entrevistas con las que poner rostro a una enfermedad o a una cifra. Pero cuando se trata de revivir malos recuerdos, procuras evitar que el mal rato lo pase un amigo. Es así.

El hecho de que ella se ofreciera me hizo empezar a pensar que quizá me equivocaba. Que puede que las mujeres que combaten el cáncer de mama (y los hombres y mujeres que combaten el cáncer, en general, o cualquier otra enfermedad, en particular), se enfrenten mejor al enemigo si son capaces de ponerle nombre y hablar de él con naturalidad.

[blockquote]»Oyes la palabra ‘cáncer’ y piensas que te vas a morir». [/blockquote]

Así que me planté en su consulta dental y le dimos al «REC». Y hablamos por primera vez de SU cáncer a lo9s 32 años. Del recelo inicial tras aquella ecografía en la que su ginecóloga vio un pequeño bulto que prefería analizar (prueba, por cierto, que no hacen de forma habitual en la sanidad pública: la exploración mamaria por palpación suele ser la habitual en las revisiones ginecológicas anuales y no permite detectar tumores pequeños en pacientes jóvenes). De la punción que reveló que no era un fibroadenoma (un tumor benigno), sino un carcinoma. De las pruebas antes de operarse. De la intervención en la que le extirparon el cuadrante inferior de la mama. De sus 25 sesiones de radioterapia. De su tratamiento para suprimir los estrógenos y así impedir que el cáncer se reproduzca. De sus cinco años de castigo a no ser madre.

«Oyes la palabra ‘cáncer‘ y piensas que te vas a morir -explica Natalia-. Y luego te das cuenta de que no eres la única. Que por desgracia hay muchas otras mujeres que están en tu misma situación».

[blockquote]»Ver cada día la cicatriz en el pecho es un recordatorio constante de lo que he pasado». [/blockquote]

Pero hasta que no pasó por un servicio de oncología no supo realmente a qué se enfrentaba: «Al principio estaba muy valiente. Hasta que no me vi no me puse en la piel de las otras personas. Y fue entonces cuando me di cuenta de que, por mucho que estuviera sufriendo, yo era una afortunada porque mi tumor estaba muy localizado y ni siquiera tendrían que darme quimioterapia«.

_DSC0066Lo siguiente que pensó fue en su aspecto. «El pelo no me preocupaba: hay pelucas y pañuelos. Pero el pecho… el pecho sí, porque perderlo supone perder parte de tu feminidad. Tuve suerte y solo tuvieron que extirparme una parte, pero cada mañana me miro al espejo y ver la cicatriz supone un recordatorio constante de los malos momentos que he vivido».

Se le quiebra la voz y se le saltan las lágrimas. Sobre todo cuando me cuenta que lo peor, lo peor de todo, es verse obligada a aplazar durante cinco años su deseo de ser madre. Pero sabe que tiene que cuidarse, que lo primero es ella, para ella y para quienes han estado a su lado durante todo este tiempo. Los que la han abrazado y la han mimado, los que la han dado fuerzas para ir a trabajar después de una sesión de radioterapia, los que la han ayudado a seguir su vida como si no pasase nada.

Porque eso, que les demos cariño, es lo que las mujeres que se enfrentan al cáncer de mama esperan de nosotros. Que sepan que estamos.  Y que sabemos estar.

Por Noelia Jiménez | njimenez [arroba] lasierraconestilo.es.



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