Inteligencia emocional (también para niños)

27 septiembre 2013

Se ha demostrado que uno de los factores con gran incidencia en el éxito de una persona en todas las facetas de su vida (personal, social, profesional) reside en su inteligencia, no sólo académica, sino emocional, siendo esta última la más relevante para ello.

La inteligencia emocional nos permite percibir sentimientos (provocados por las emociones que sentimos), modificar el propio estado de ánimo y el de los demás y, de esta forma, manejar y controlar las emociones para nuestro bienestar y el de los que nos rodean. Este hecho favorece y potencia en las personas la asertividad, empatía y escucha activa en la relación con los otros, e incrementa el autoconcepto y autoestima, al manejar de forma positiva nuestras emociones. En los últimos años, investigaciones de diferentes autores han demostrado que el desarrollo de la inteligencia emocional en los niños tiene impactos positivos en su rendimiento escolar, en su autoconcepto y autocontrol y, en sus relaciones sociales con los demás.

Estas razones justifican la importancia de fomentar la inteligencia emocional en los niños pero, ¿cómo hacerlo?

[tabgroup] [tab title=»¿Cuándo empezar?» id=»tab1″ class=»active»]

Desde que somos bebés, sentimos emociones que nos generan sentimientos; un bebé es una esponja hacia todas las expresiones y emociones que siente a su alrededor. Además, durante los primeros años de vida, los niños poseen una importante plasticidad cerebral: es por ello que las emociones, experiencias y aprendizajes que experimenten marcarán su desarrollo cognitivo, su personalidad y afectividad: por eso es importante fomentar la inteligencia emocional desde edades tempranas, e incluso, desde el vientre materno en el desarrollo del embarazo (por ejemplo, poniendo música tranquila y relajante al bebé, sirviendo de momento de disfrute y relajación a la madre: será un momento que disfrutarán ambos, provocando emociones positivas).

 

[/tab] [tab title=»¿Cómo desarrollarla?» id=»tab2″]

Independientemente del momento en que comencemos a desarrollarla, es importante recordar que hay dos elementos con los que se trabajan muy bien las emociones: la música y la literatura (en los niños sobre todo a través de los cuentos y las enseñanzas que aprenden de los mismos); ambas son vehículos óptimos para la expresión de emociones, para ser capaces de identificar las mismas y poder trabajar con más detalle, aquellas que provoquen frustración, miedos, tristeza (emociones negativas). Lo más significativo a la hora de trabajar con los niños es ayudarles a identificar esas emociones que ven en los otros y en sí mismos, y desarrollar estrategias para abordar las mismas (de tal forma que aprendan a potenciar las emociones positivas y canalizar las negativas, aprovechando su energía en positivo, aprendiendo a autocontrolarlas y sacándolas partido).

 

[/tab] [tab title=»Acciones concretas» id=»tab3″]
  • Trabajar con los niños para que se conozcan mejor a nivel personal: sus gustos, sueños o deseos, necesidades, opiniones, cosas que se le dan bien o no…; desde ese autoconocimiento, enseñarle la importancia de respetar los deseos, necesidades, opiniones, etc. del resto de amigos o personas a su alrededor.
  • Para ayudarle a identificar sus emociones, invitar a los niños a que las pongan un nombre, un adjetivo, para después, anotar las sensaciones y pensamientos que les provocan cada una de estas emociones y poder trabajar con cada una de ellas.
  • Enseñarles a expresar abiertamente sus emociones pues, el hecho de reprimirlas va a conllevar problemas de ansiedad, y rebaja la autoestima (al creer que sus emociones son malas y no estar “bien visto” por la sociedad). En este caso es muy importante permitir ratos de diálogo y comunicación con los hijos, donde puedan expresar todo lo que sienten y sentirse escuchados y no prejuzgados por ello, ofreciéndoles recursos para descargar esas emociones y que los tome como hábito para mejorar en las futuras situaciones que les genere las mismas emociones (comentándolas,  previendo maneras óptimas de descargarlas y otras soluciones a determinados problemas, etc.).
  • Enseñarles a aceptar los errores como una parte más del día a día, aprendiendo de ellos y mostrarles nuestra confianza en sus capacidades para que lo intenten de nuevo.
  • Estimar sus logros y esfuerzos por querer hacer las cosas bien y aprender cada día.
  • Incitarles a resolver sus problemas, haciéndoles ver la naturalidad de los mismos en la cotidianidad, y ayudándoles en la búsqueda de soluciones a los mismos.
  • Pero sobre todo, nunca se debe olvidar que, el mejor ejemplo que pueden tener ellos de personas que realizan estas acciones en su vida diaria, son los padres y adultos familiares que están en contacto habitual y directo con ellos, por ello, debemos tratar de aplicarnos estas pautas en nuestro día a día, lo cual también nos traerá beneficios a todos los niveles: personal, profesional y social. Eso supone un trabajo personal importante pues, para comprender las emociones de nuestros niños, deberemos antes ser conscientes de las nuestras propias pero, como hemos visto, el trabajo que conlleva y los resultados positivos que reporta, merecen la pena.
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Por Rosa Blanco Fernández Coach personal y profesional (con especialidad en inteligencia emocional y PNL)

Twitter: @RosablancoF

Correo electrónico: rosa.blancof [arroba] gmail.com.



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