La cuesta de febrero

4 febrero 2014

A mí que no me jodan. La cuesta de enero es un bordillo comparada con la cuesta de febrero.

Será que cuando empieza el Año Nuevo Chino nos damos cuenta de que trabajamos como chinos y cobramos como chinos, o será que mi propósito de ahorrar no ha funcionado, o será que simplemente en Navidad mi tarjeta ardía y ahora le toca tiritar. Será lo que sea, pero cuento las horas para que pasen los 24 días que le quedan a esta mierda de mes.

Para empezar, no se puede arrancar un mes peor que despidiendo a Luis Aragonés. Eso es perder y perder y perder, y volver a perder y perder y perder. Maldita leucemia. Menos mal que el Atleti sacó las agallas de donde las tenga y se puso líder en homenaje a Zapatones, y el Calderón estalló en un «¡¡Luis Aragonés!!» que dejó el lado el corazón de los rojiblancos.

A Luis lo vi dos veces. Una en la facultad. No sé qué le preguntó no sé quién y le soltó una fresca. Muy en Luis. La otra fue en la presentación de 110 leyendas rojiblancas, de LID Editorial. Ya estaba enfermo pero nadie lo sabía. Y Nuria tiró de mí, que me moría de vergüenza, para que mi tío Pepe y yo nos hiciéramos una foto con Luis e Irureta. La última y la única.

Igual ahora que no está se pone de moda el mal genio. Claro que para tener mal genio primero hay que tener genio, lo que equivale a ser auténtico. Y aquí hay mucha gente con muy mala hostia, pero de genio nada.

Y luego hay gente encantadora, que te anima, que te sonríe, que te ayuda. Tipo Victoria de la Puente, directora de Adelgar. Ella e Inés, la doctora del centro, me recibieron, hablaron conmigo durante más de media hora para escuchar mis vergüenzas dietéticas, me miraron mis rodillas y mis brazos celulíticos y me han puesto un plan para que debajo de la celulitis se me intuyan los músculos (previo paso por un análisis completo de mi estado de salud). Dos soles.

Y también está Sol, mi fisio. Os preguntaréis para qué necesito una fisio si no hago deporte. La respuesta es sencilla: mover el ratón exige un arduo entrenamiento de los rotadores (hasta ayer no sabía que existían) y hablar por teléfono con el móvil pegado al hombro mientras haces mil cosas más provoca contracturas. Menos mal que existe Sol García y su punción seca: gracias a ella os escribo recta y no en una versión modernizada de la condesa de Barcelona.

 



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