Mi reloj biológico está sin pilas

19 febrero 2014
Pocket watch in hands

Cuando no tenía novio me preguntaban cuándo me emparejaría. Cuando me emparejé, que cuándo nos casaríamos. Ahora que estamos casados, que cuándo tendremos hijos. Y lo peor es que las preguntas las hacen con dedos acusadores que señalan a las treintañeras como yo que ya se han puesto a la tarea.

Miro a mi alrededor y en mis seis grados de separación hay siete embarazos. Y otros siete bebés ya terminados en cosa de medio año. Y yo la única tripa que tengo es la lorza que no me abandona desde un poco antes de cambiar de década.

Pero lo peor es que no sé si quiero o no bebé.

Mi chico dice que algún día habrá que ponerse. Y yo a veces también lo pienso. Pero luego me doy cuenta de que tener un hijo no es como jugar a las muñecas y que cambiar a una niña de vestiditos está muy bien, pero lo de las comiditas no mola tanto… y si es niño no puedo ponerle como un repollo, que es lo que a mí me gusta.

Y luego está el trabajo, esta nueva forma de esclavitud que te condena a vivir permanentemente pegada a un teléfono y al email, y a pasarte horas en el coche, y a dormir lo justo, y a abrir la nevera y no tener nada para cenar, y a abrir el armario y darte cuenta de que no tienes bragas que ponerte… y eso es incompatible con pasarte las noches en blanco acunando a un niño, y tenerle la teta enchufada las 24 horas, y cambiarle el pañal cada no sé cuánto, y bañarle, y lavarle la ropa, y planchársela, y jugar con él, y ponerle caritas tontas, y llevarle al pediatra, y sacarle de paseo… y en fin, todas esas monadas que hacen los padres con los hijos, aparte de preocuparse mucho y pensar cómo pueden darle una vida mejor que la que ellos tuvieron.

La gente dice que el reloj biológico se pone en modo despertador en algún momento. Yo debo de tenerlo sin pilas. Eso o está en modo snooze y lo apago cada cinco minutos. Porque supongo que, mediada la treintena, a una le da por pensar si hasta aquí llegó el intento de alcanzar lo que soñabas y entonces te conformas con tener familia, o es que acaso tener familia es el mejor sueño que puedas hacer realidad. Eso dicen las que lo han probado.

Me consuelo leyendo en Yo Dona que lo mío no es un caso aislado. Según un estudio de Marta Seiz, investigadora del CSIC, la mujer española que decide no tener hijos lo hace sobre todo por una situación socioeconómica precaria, lo que hace difícil «medir si se trata de una infecundidad voluntaria o forzosa».

¿Lo ves, mamá? No soy un bicho raro. 

Fotografía: Sara Cuadrado

 



1 comment

  1. Me ha gustado mucho tu post… principalmente porque me siento bastante identificada con lo que dices. Estás con la incertidumbre: sabes que este no es el momento, pero no sabes si llegará en el futuro. Saludos 🙂

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