Recomendaciones literarias: dos testimonios de superación y entrega

14 octubre 2013

Es lunes y tocan Recomendaciones literarias, nuestra sección de libros en Onda Cero Sierra.

1381482283_extras_noticia_foton_7_1La vida es un regalo, María de Villota (Plataforma Editorial).

Lo de que la vida es juguetona y caprichosa, que hoy estás aquí y que mañana no sabes dónde andarás, o si respirarás, parece un topicazo, pero es la puritita verdad.

Hoy estaba previsto que María de Villota presentase La vida es un regalo, el libro que acababa de escribir para Plataforma Editorial. Recuerdo cuando hace solo unos días Jordi Nadal, editor de Plataforma, y Míriam Iglesias, su impecable mano derecha, me hablaban con tanta ilusión de esta obra que era para ellos mucho más que un buen montoncito de páginas encuadernadas con una bonita portada. Era quizá uno de los libros con más «sentido y autenticidad» (lema de la editorial) que habían publicado. Y hoy tocaba ponerse las mejores galas para darlo a conocer.

Pero hoy no ha llegado. O sí, pero sin ella. Porque justo tres días antes de regalarnos su libro, justo unas horas antes de contarnos Lo que de verdad importa en un congreso de Sevilla, María cruzaba su meta particular. La bandera de cuadros llegaba cuando menos lo esperaba, cuando nadie lo hubiera imaginado. Después de que la vida le regalase una segunda oportunidad tras el accidente que estuvo a punto de quitársela, pocos habrían imaginado que el regalo tendría dentro un reloj con un contador de días. Y que tendría apenas 365 días para disfrutar de esa nueva vida que otro 11 de octubre presentaba ante los medios de comunicación.

Y aun así, la vida sigue siendo un regalo. Y lo que de verdad importa es el mensaje que transmitimos. Por eso el testimonio de María hoy cobra aún más sentido.

 

yo-soy-malala-9788420678887Yo soy Malala, Malala Yousafzai y Christina Lamb (Alianza Editorial)

Mañana, cuando suene el despertador y comiencen los «No me quiero levantar», los lloros y las prisas por terminar un desayuno que se queda frío, 61 millones de niños estarán deseando oír el odioso taladrador de tímpanos. O quizá no, porque puede que ni siquiera sepan que más allá de su aldea hay un mundo donde existen los colegios y donde se pueden aprender a leer los garabatos que ven de cuando en cuando en los letreros, o en los periódicos atrasados, o en los rótulos del televisor.

Por esos 61 millones de niños ha escrito Malala la historia de su vida. Porque quizá por esos 61 millones de niños estuvo a punto de perderla. Por defender su derecho a la educación.

La joven paquistaní, recién galardonada con el Premio Sajarov de Libertad de Conciencia que concede el Parlamento Europeo, lo cuenta en Yo soy Malala (Alianza Editorial), un libro al que sonroja llamar «memorias» porque se supone que una chavala de 16 años no ha debido de tener mucho recorrido vital.

Pero lo cierto es que Malala sabe lo que es tener al régimen talibán olisqueando el pañuelo con el que se cubre la cabeza, por el único pecado de escribir para un blog de la BBC las miserias que sufren a diario los paquistaníes. Malala sabe lo que es que una bala te atraviese la cabeza y que, cuando medio mundo te da casi por muerta, puedas sacar fuerzas no se sabe de dónde para volver a despertar, eso sí, en un país extraño. Y que de pronto te rindan homenaje. Y que de repente todos los grandes líderes internacionales quieran hacerse fotos contigo. Y que te ensalcen como estandarte en su lucha contra el terror. Y todo cuando el mayor terror para ti, con solo 16 añitos, es que a los chavales de tu edad se les permita saber juntar la eme con la a..



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