Sin bragas y a lo loco

24 enero 2014

El caos se ha instalado en tu vida el día que abres el armario y te encuentras sin bragas limpias que ponerte. #esoesasí.

Cuando tienes veinte años la expresión “sin bragas” resulta cachonda y evoca noches orgiásticas y sesiones de desenfreno. Y si le sumas “y a lo loco”, qué te voy a contar. Pero eres consciente de que el tiempo pasa (y pesa) cuando “sin bragas y a lo loco” significa que pasas tantas horas fuera de casa que no tienes ni tiempo de poner lavadoras, así que tienes que coger dos o tres conjuntos del cesto de la ropa sucia y lavarlos a mano, pero, ¡oh, no, cielos!, te queda poco Norit y entonces no tienes más remedio que tirar del jabón líquido de manos, que, por cierto, también está en las últimas, o en su defecto aprovechar las rebajas para pillarte unos cuantos básicos que te saquen del apuro. Ay omá.

[blockquote] El caos se instala en tu vida el día que no tienes bragas que ponerte [/blockquote]
Por suerte de la comida se encarga mi señor esposo (un santo varón). Supongo que tomó esa determinación el día que abrió la nevera y encontró cuatro cervezas caducadas, un bote de sirope de savia de arce con el tapón pegado y una botella de agua sin agua. El matrimonio era eso. Mejor: el matrimonio con una treintañera que acumula trabajos y colaboraciones para llegar a fin de mes y además se busca mil historias con las que explotar su vena ¿creativa? era eso.

Y digo que mi señor esposo es un santo varón porque no solo se encarga de la comida, sino que además me pregunta cada día qué es lo que puedo y lo que no puedo comer con mi dieta recién estrenada (por cierto: estoy en la fase 2 de la dieta de los 31 días y ya he perdido algo más de 2 kilos). Presumo que la semana que viene también me acompañará a Adelgar a pergeñar una batalla más en la guerra contra mis lorzas. Y eso que siempre me dice que estoy estupenda.



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